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domingo, 19 de mayo de 2013

Todos los españoles vestimos de torero

(domingo, 19 de mayo de 2013)
Joselito y Belmonte
Joselito y Belmonte
La Curistoria de hoy gira en torno a una leyenda, no sé si urbana o no, que todos hemos oído o comentado en alguna ocasión: en el extranjero piensan que los españoles vamos vestidos de toreros. He encontrado el origen de la misma, al menos, la persona a la que se atribuye una conversación en la que su interlocutora hizo tal afirmación.

Julián Velázquez Duro fue un aviador español que haciendo un viaje alrededor del mundo se encontró con una dama de Estados Unidos a bordo del mismo barco en el que él viajaba. La mujer le preguntó, en inglés, por supuesto, sobre su procedencia y nuestro hombre, que hablaba cuatro idiomas, le contestó que era español. Después tuvo lugar el siguiente dialogo:
–Se habrá tenido usted que hacer toda la ropa para este viaje –dijo la dama.
–No me ha hecho falta, afortunadamente tengo un vestuario bastante decente
–¡Ah! Yo creía que todos los españoles vestían de torero.
–La que habrá tenido que ir a la modista habrá sido usted.
–¿Por qué?
–Porque tengo entendido que los americanos no llevan más ropas que una plumas en la cabeza.

Supongo que aún quedarán personas por el mundo que piensan que todos los españoles vestimos traje de luces o que todos los venecianos llevan camisetas de rayas blancas y azules. Hay miles de tópicos, y no son más que eso en muchos casos. Ahora, cuando cuenten la historia de que por ahí piensan que todos los españoles vestimos de toreros, acuérdense de citar a don Julián Velázquez Duro.

Fuente: Mis anécdotas preferidas, de Carlos Fisas.

jueves, 16 de mayo de 2013

Concurso de Play The Guru y Curistoria

(jueves, 16 de mayo de 2013)
Play The Guru
Play The Guru acaba de poner en marcha uno de sus concursos de preguntas en el que Curistoria ha colaborado. Se trata de un sencillo juego de preguntas en torno a la Edad Media y cuyo premio es una tarjeta de regalo de Amazon. Las preguntas están basadas en hechos y cuestiones que he comentado y explicado en Curistoria, así que no les será muy complicado responder con éxito a las preguntas y optar al premio.

Les animo a jugar e intentarlo, en el peor de los casos, al menos se divertirán un poco poniendo a prueba sus conocimientos. ¡Suerte!

miércoles, 15 de mayo de 2013

El periodismo y el día que mataron a JFK

(miércoles, 15 de mayo de 2013)
Gay Talese
Gay Talese
El domingo pasado publicaba el diario español El País en su dominical una entrevista a Gay Talese. Escritor y periodista, es un referente dentro del periodismo mundial por su literaria forma de escribir y de contar los hechos. Su época en The New York Times es historia del periodismo y sus artículos sobre gente como Joe Louis o Joe DiMaggio son considerados clásicos y ejemplos a seguir para todo aquel que quiera hacer ese tipo de trabajo periodístico. Por cierto, algunos de estos artículos se recogen en El silencio del héroe, un libro que acaba de publicar y motivo, supongo, de la entrevista.

Volviendo a esta, narraba en ella cómo el 22 de noviembre de 1963, cuando tenía treinta y un años, le encargaron que saliera a la calle para observar las reacciones de la gente, cómo se estaba comportando en aquella jornada, para luego, lógicamente, contarlo en el diario. Aquel día habían asesinado a John Fitzgerald Kennedy, JFK, y se esperaba que América entera estuviera conmocionada y llorara por el asesinato de su presidente.

Talese se echó a la calle y dando vueltas por la ciudad se encontró con otro grande del mundo de los diarios, Tom Wolfe. Hay que decir que ambos, Wolfe y Talese, están hoy considerados como los padres de ese nuevo periodismo al que hacía antes alusión. Pero entonces, en 1963, eran aún personajes de guerrilla, por decirlo de algún modo, dentro de los mastodónticos diarios en los que trabajaban. Después de saludarse, comentaron lo que estaban haciendo y curiosamente ambos habían recibido el mismo encargo por parte de sus jefes. Decidieron compartir un taxi y así pasar el rato juntos y ahorrar algo de dinero.

Después de cuatro o cinco horas en las que recorrieron gran parte de Nueva York, volvieron a sus redacciones. Talese le contó a su editor que no había visto nada reseñable y que iba a escribir precisamente sobre eso, sobre la falta de reacciones y de emoción por parte de la gente de su ciudad frente al asesinato en Dallas de JFK. Su jefe decidió dejar el tema y no publicar nada al respecto. Cómo contar que el pueblo no lloraba por su presidente.

A la mañana siguiente Talese compró nada más levantarse el Herald Tribune, donde escribía Wolfe, para leer lo qué había escrito este en torno a lo que ambos pudieron ver y sentir la tarde anterior en su ronda conjunta por las calles. Después de mirar el diario de cabo a rabo no fue capaz de encontrar nada publicado por Wolfe con respecto a las reacciones de la gente. Ambos habían llegado a la misma conclusión y a la misma vía muerta.

Dos periodistas, dos de los grandes, vivieron una historia conjunta y paralela de la que no ha quedado rastro impreso pero que constata, basándonos en lo que cuenta Talese en su entrevista, que la ciudad de Nueva York, y con seguridad otras muchas por todo Estados Unidos, vivieron la muerte de JFK sin grandes cambios, emociones o hechos reseñables. Desde mi punto de vista, es un aspecto sobre el que reflexionar. El día del asesinato de JFK fue un día para la historia y se han escrito miles y miles de líneas al respecto, pero nada había que contar sobre la gente corriente, sobre sus reacciones. Sus vidas continuaron sin cambios.

martes, 14 de mayo de 2013

Walter Hunt, el inventor del imperdible

(martes, 14 de mayo de 2013)
Patente del imperdible
Patente del imperdible
Walter Hunt fue un gran inventor, pero no tuvo mucha vista para los negocios, para rentabilizar económicamente sus ideas, como veremos. Este hombre, no muy conocido, fue el creador de la primera máquina de coser en Estados Unidos, todo un avance para el año 1834, cuando salió de su cabeza.

El problema que tuvo que enfrentar Hunt fue la situación económica del momento en su país, que no era demasiado boyante. Así, nadie mostró demasiado interés por un invento que provocaría que algunos cuantos hombres perdieran su trabajo. La desilusión por el recibimiento que a su invento le brindó la industria llevó a nuestro hombre a dejar de lado su idea y ni siquiera preocuparse por patentarla.

Poco después, otro inventor, llamado Elias Howe, diseñó una máquina similar y él sí la patentó, generándole finalmente una cantidad de dinero que lo hizo un hombre multimillonario. Pero Hunt había aprendido una lección. Así, en 1849, casi jugando con un trozo de alambre acabó por crear el imperdible. Otro gran invento que sigue vigente en nuestros días. Decía que aprendió la lección ya que en este caso sí que patentó la idea, una idea que valía millones. Aún así, no ganó mucho con ella.

Debía Hunt una pequeña cantidad de dinero, apenas unos dólares, y agobiado por tal deuda vendió la patente del imperdible a una empresa por unos cientos. Un valor mucho menor del que más tarde se mostró que tenía aquel invento basado en un pequeño trozo de alambre.

Como vemos, una gran cabeza para idear dispositivos muy útiles, pero no tan buena para detectar las oportunidades financieras asociadas a sus inventos.

Fuente: The greatest stories never told, de Rich Beyer.

lunes, 13 de mayo de 2013

Esclavos romanos: una cabeza y serás libre

(lunes, 13 de mayo de 2013)
Batalla de Zama
Batalla de Zama
La batalla de Cannas tuvo lugar en agosto del año 216 a.C. dentro de la Segunda Guerra Púnica. El ejército de Aníbal, cartaginés, se enfrentó a las tropas romanas de Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo. Estos últimos fueron derrotados y quedaron en una situación delicada. Como salida desesperada, el ejército romano decidió reclutar a esclavos para su filas mediante un método algo peculiar.

Los generales romanos prometieron la libertad a todos los esclavos que lucharan en su bando y volvieran después de la batalla con la cabeza de algún enemigo. Esta idea, que puede parecer casi buena a priori, tuvo un resultado no tan bueno, según narra Tito Livio en Historia de Roma desde su fundación.
El mayor inconveniente para los romanos lo constituían las cabezas convertidas en precio de la libertad. En efecto, cuando uno daba prontamente muerte a un enemigo, primero perdía tiempo con el engorro de cortarle la cabeza en medio de la confusión y la aglomeración; después, con la mano derecha ocupada en sostener la cabeza, los más aguerridos quedaban al margen del combate y la lucha quedaba en manos de los cobardes y pusilánimes.
Como decía, una idea que se tornó contra aquellos que la habían tenido. Y es que tiene lógica que si el precio de la libertad es una cabeza, una, se corte la primera que se tenga a mano y se deje de lado la batalla conseguido tal botín. Es más, los más fuertes esclavos irían a por los más débiles enemigos, ya que una cabeza es una cabeza independientemente de lo bueno o malo que sea como soldado el que la sostiene, y así después de un rato quedarían en el campo de batalla los más fuertes de los enemigos romanos y los más débiles de los esclavos.

Fuente: Gabinete de curiosidades romanas, de J.C. McKeown

domingo, 12 de mayo de 2013

El secreto en torno a Psicosis que impuso Hitchcock

(domingo, 12 de mayo de 2013)
Cartel que prohibía entrar con la película comenzada
Cartel que prohibía entrar al cine con la película comenzada
Leía hace unos días, no recuerdo donde, un artículo sobre las medidas de seguridad que han establecido los editores a los traductores del nuevo libro de Dan Brown que se pone a la venta esta misma semana: Inferno. Decía el artículo que han vivido casi incomunicados con el objetivo de evitar que el libro se filtre de algún modo antes de ponerse a la venta. Me ha recordado esta historia algo que leí sobre Psicosis, la película de Hitchcock.

Antes de que en junio de 1960 se estrenara la película, el director se encargó de mantener el secreto sobre ella y la cinta de la misma era guardada con celo. Los actores, y supongo que más gente del equipo de la película, se vio obligada a firmar un acuerdo de confidencialidad que les prohibía hablar de la película. Llegado el momento de promocionarla, el propio Hitchcock se encargó de casi todo, no dejando que Janet Leigh o Anthony Perkins, los protagonistas, dieran entrevistas. Tenía miedo el director de que en algún descuido descubrieran algún punto clave de la película. Ni siquiera ofreció a los críticos los pases privados previos al estreno, tan comunes para promocionar la película.

Ni al propio espectador dejó sin controlar el director. Se pedía explícitamente a los que veían la película que no contaran el final, ya que, decían, era lo único que tenían. El aspecto más controvertido de todos aquellos movimientos fue la obligación que Hitchcock impuso a las salas de cine de no dejar entrar a nadie una vez que la película hubiera comenzado. Pensaba que aquellos que no vieran el comienzo se perderían detalles importantes. La imagen que acompaña esta entrada es una muestra de los carteles que anunciaban en los cines este hecho. En los primeros días los propietarios de las salas se quejaron porque suponían que así perderían ingresos, pero cuando poco después del estreno comenzaron a ver las enormes colas que se formaban a sus puertas, dejaron de lado sus reticencias y aprovecharon el éxito de Psicosis.

sábado, 11 de mayo de 2013

IV Premios de Literatura Histórica Hislibris

(sábado, 11 de mayo de 2013)
La semana pasada se entregaron los IV Premios de Literatura Histórica Hislibris, por parte de la web especializada en novela y ensayo histórico Hislibris. Magnífica web que les he recomendado otras veces y les recomiendo de nuevo. Está repleta de personas con amplios conocimientos de historia y literatura y por lo tanto los premios que entregan no son unos premios cualquiera y debemos darle el valor que tienen.

Los premiados fueron: